Devolución de las especies. Ya sabe, si no queda satisfecho y ese rollo… (I) 05-10-2008 GTM 1 @ 13:30
beeril — Tags: humor risa comprasAhora posiblemente no, pero hace unos meses lo pasaba fatal cuando alguna de mis amigas -que son muchas, por cierto- sugería ir de compras con la excusa de mirar el regalo perfecto para algún cumpleaños o santo, ir de compras con motivo de las rebajas o simplemente porque se les antojaba, porque sí… Y claro, ¿qué puedes hacer? No puedes negarte… Porque es lo que digo yo… ¿Acaso necesitan excusas las mujeres para ir de compras?
Lo peor es que contaran con mi apoyo y mi refinado gusto por la moda para hacer al final de hombre perchero. Eso sin contar con la maratón que me daba recorriendo los pasillos sorteando toda clase de obstáculos intentando alcanzarlas. Recuerdo una vez, en la sección de ropa interior femenina, con las prisas, topé con un maniquí que permanecía en un pequeño pedestal y le arranqué de cuajo una mano. Qué vergüenza pasé. Y menos mal que el resto de la figura permaneció inmóvil, porque en el caso de habérseme caído encima, quizás los empleados me hubieran denunciado por hacer el amor en un sitio público, y en consecuencia, por exhibicionismo, escándalo público y torpeza en general.
El momento de mayor alerta era cuando pasábamos minutos (para mí, horas y horas) analizando dos blusas idénticas aunque de distinto color.
-¿Qué te parece, el azul marino o el negro?- me preguntaba ella en un momento de crisis consumista.
-A mí me parece que cualquiera te iría bien...
-Tú sí que sabes. ¿No ves que el azul marino no pega con nada?
-Pues coge el negro.- afirmando con lógica aplastante.
-Ya, lo que el negro parece tan soso…
Se trataba de un momento crítico, no por mi salud mental, sino porque presentía que algo iba mal. Tenía la sensación que una cosa se movía detrás de los soportes móviles que cuelgan las prendas mientras nosotros permanecíamos anclados en el mismo lugar. Y aunque mi intención era salir corriendo de allí dejando las bolsas en el suelo, no hubiera podido. Mis piernas aflojaban a mi voluntad y me imaginaba lo bonito que le quedaría a ella la blusa si yo, en un acto de cobardía, le regalara finalmente las dos… Esto… Bueno, tampoco era cuestión de hacer ninguna locura económica a la tarjeta de crédito. Quizás mejor era afrontar la realidad y aparentar que todo iba normal. Intentaba seguir el hilo de la música de fondo moviendo el pie, pero hasta eso me parecía terrorífico. En mi infancia ya lo pasaba mal con Drácula, pero esta inquietud me sacaba aún más quicio y me ponía muy nervioso… Instaba a mi amiga en decirle, dulcemente:
-Guapísima, ninguna de las dos te favorece. Tú eres una flor que necesita vestirse con pétalos más bonitos.
Sin embargo, era demasiado tarde. Las prendas más cercanas a mí comenzaban a moverse solas. Era el fin. Ya no había posibilidad de escapatoria. La cosa que las revoloteaba estaba ahí mismo, a mi espalda, y mi infancia, inevitablemente, pasaba delante de mí, incluido el propio Drácula con la blusa azul marino puesta. De pronto, noto una mano en mi hombro, y escucho…
-¿Les puedo ayudar en algo?
Se acabó el buen rollo. Y el momento romanticón se iba al traste. Reconozco que éramos una presa fácil. A partir de ahí, se iniciaba una conversación interminable entre la dependienta y mi amiga sobre tallas, marcas, colores y un sinfín de términos que apenas lograba captar. Y yo ahí, paralizado, sin poder aportar nada, siguiendo el compás del hilo musical con un suave movimiento de arriba abajo del pie…
(continuará…)
Indispensable no olvidarte nunca que el lunes siempre irá a por ti 24-08-2008 GTM 1 @ 20:17
beeril — Tags: día semana lunes humor vida risaEn el momento en el que se inicia un nuevo día, toda la maquinaria del interior de tu cabeza ya empieza incesantemente a funcionar... Por eso, en muchas ocasiones, es típico comprobar que la mayoría de personas necesitan estar en modo "Standby" nada más levantarse de la cama... Algunas, incluso, aprovechan ese modo automático de hacer las cosas de una manera realmente monótona... Por ejemplo, yo, sin ir más lejos, tengo un programa para saludar cada mañana sin apenas abrir la boca. Este consiste en decir…
"Buenos días, ¿cómo habéis dormido esta noche? ¿Hace sol, lluvia hoy?, ¡Qué magnífica mañana! Hoy comeré tostadas con algunas de esas magdalenas tan tiernas…"
… abreviándolo inteligentemente de esta manera …
"Mmmmm…"
Resulte o no efectivo, mi mente –al igual que las de muchos-, a veces, no está para muchas historias por la mañana, sobre todo los lunes, claro. Por ello es vital que el cerebro, consumidor impecable del más del 20% de energía total de nuestro cuerpo, no se quede sin pilas en ningún momento, pues es él el encargado de que no alternemos un calcetín de cada color, de coger las llaves al salir de casa o de recordar que sí, que ciertamente sí es lunes, con todas las consecuencias que conlleva.
Porque existen los lunes. Vaya si existen… Y aunque no fue mi intención, en uno de esos días fatídicos para la humanidad, olvidé activar el salvapantallas en las dependencias de mi cerebro mientras aún procesaba los datos de las cosas indispensables que realizo cada día. El resultado, como os podéis imaginar, fue catastrófico: salí de casa dejando el televisor y la luz del comedor encendidas. Esto podría haberme ocurrido un sábado o un domingo, pero no: se trataba de un lunes. Y supe que lo era porque, ya en la calle, entre otras cosas, justo antes de coger los ferrocarriles, me vino la doble torpeza de olvidárseme el bono en casa, y queriendo solucionarlo, bloqueé por error la tarjeta de crédito en la máquina de billetes.
Por fortuna, ya concienciado en ahorrar energía matutina, también existen los jueves. Con ligera monotonía, y habiéndole comentado con gracia mi caso, una empleada de mi sucursal bancaria soltó, de pronto, una descomunal risa, cuando le aseguré que ya me estaba tomando vitaminas para la memoria. Aunque parezca mentira, fue ella quien me desbloqueó, con su simpatía, el resto de aquélla semana.
Porrompompero oh, yeah! 04-05-2008 GTM 1 @ 10:36
beeril — Tags: cantar cante diversión felicidad humor irlhadia juego manolo escobar pensamiento sonreír vidaLlevo muchos años dando el cante. Sí, literalmente hablando; lo que salga del interior, vaya... Y si es preciso inventar de nuevo el inglés, se inventa... Qué más da. Lo esencial es, no dar algunos gritos, sino que los que des, lo escuchen en toda la comunidad de vecinos.
Cuando era pequeño, tenía verdaderas discusiones en casa por mi afición a la música. Evidentemente, cantaba y canto fatal. De ahí que incluso hubiera días que "echaba" a mis padres de casa con tal de no oírme... Cuando esto ocurría, lo consideraba una gran oportunidad para mejorar la acústica de mi tortuosa voz...
Sinceramente, me importa un carajo desafinar. Seguro que a mis vecinos, hoy por hoy, no les da igual, aunque ya están acostumbrados. Porque las ventajas de cantar (o intentarlo) son obvias: liberas cantidades grandes de energía negativa (ideal para los días poco afortunados), accionas tu sentido del humor, reduces el estrés, activas el sistema inmunológico y cómo no... te lo pasas pipa!, sobre todo si acompañas tu actuación con bailes y caras extrañas simulando que estás ante un gran público... Sí, como cantar el famoso Porrompompero de Manolo Escobar pero añadiendo guiños a tus fans... ¡Oh, yeah, baby!
Así que, tanto si hoy tienes un mal día como si no, ¡dále un final glorioso! Resérvate un tiempo para ti, enciérrate en una habitación -en el lavabo hay muy buena acústica- y ponte a cantar. También puedes hacerlo mientras realizas algún trabajo, se te hará más ameno...
Hasta el próximo concierto!
¡No me mováis, por mis estalactitas! 27-04-2008 GTM 1 @ 18:54
beeril — Tags: disney humor infancia kit dibujoDe pequeño, me encantaba dibujar. Cada día, cogía un folio y antes de que me viniera algún motivo para hacerlo, empezaba a esbozar con el lápiz figuras que en principio, nadie podía reconocer. Sin embargo, después de unos minutos, aquéllo tomaba forma… un árbol, un arbusto, un riachuelo, un amanecer… Siempre elementos presentes en la naturaleza.
Curiosamente entonces, mis modelos eran unos puzzles muy sencillos de hacer pero que me inspiraban mucho al dibujar. Intentaba reproducir exactamente los elementos que en ellos contenían; la división de espacios, la proporción, las sombras… todo fui perfeccionándolo de manera asombrosa.
Aquellos puzzles eran imágenes de dibujos de Walt Disney. Era mi ídolo de la infancia. Quería ser como él, no había nadie entonces que lo superara en talento.
Luego te vas enterando de ciertas cosillas. Walt Disney ya estaba muerto mucho antes de que yo supiera quién era. Que los dibujos que veía en la tele, no estaban sacados de su imaginación, sino de la compañía que dejó como legado. Y lo más natural… Que el hombre había sido congelado para volver a la vida un siglo después, cuando la medicina fuera capaz de curarle.
Esto, a los diez años de edad, cuando aún todo representaba ser una fantasía, era natural. ¡Con los tiempos en los que estamos, por favor…! , pensaba. Y veía el Renault 25, que era considerado como una especie de Kit de El Coche Fantástico, pues se extendió el rumor que sabía hablar… Guau, ¡qué alucine! ¿Eso puede hacer ya las máquinas? ¿Por qué no congelar a alguien?
Todo esto, y más cosas, me llevaron a un pronunciado interés por la ciencia. Después de matar algunos insectos (¡total, van a revivir, qué más da matarlos!), los ubicaba discretamente en el congelador. Eso, o los colocaba en cajas de zapatos con cubitos de hielo, aunque no funcionaba tan bien. A medida que pasaban los días los bichitos estaban más tiesos aún… Y a más de uno se le rompían las patitas de tanto moverlos, para comprobar en ellos algún rastro de vida. Algo, estoy seguro, salió mal. Quizás les mató definitivamente el olor a pescado.
El caso es que, un porrón de años después, sigo conservando (conservar=frío) mi pasión por dibujar. Me dedico profesionalmente a ello, aunque sea otro tipo de dibujo más técnico. Igualmente, me gusta muchísimo dedicarme a ello. Y mi pasión por Walt Disney está intacta. Me llenó muchísimo, alimentó mi creatividad y es parte de lo que soy hoy en día.

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